Querido hermano menor.

Algunas personas dicen que si el mundo fuera de «aspergers» sería un mundo perfecto, y concuerdo. Pero, lamentablemente, no lo es.

Es verdad que la gente con esta condición tiene cualidades tan espectaculares como las de cualquier persona, sólo que con algunas características diferentes y una percepción de la vida más sensible.

En realidad, me gustaría saber más al respecto, pero no estoy especializada en el área como para tener los suficientes conocimientos. Sin embargo, basándome en mi corta experiencia, hay algunas cosas que quisiera decir.

 

Hermanito:

Es totalmente cierto. Si todos fueran como tú, el mundo sería perfecto. Pero por desgracia, no lo son. Y por eso hay muchas cosas que quiero decirte, y siento que las palabras no me alcanzan (lo cual no importa porque seguramente nunca leerás esto).

Me ha tomado tiempo acostumbrarme a la idea de que todas las veces que tus actitudes y tus manías hacían parecer que sólo eras un niño estrafalario y poco convencional, no fueron más que un disfraz para lo que hoy en día le llaman «síndrome del espectro autista», y créeme, a mí me cayó tan de sorpresa como a mamá y a papá.

Cuando era pequeña deseaba con todo mi corazón un hermanito, y cuando por fin te tuve, te juro que fuiste el regalo más maravilloso que la vida me otorgó. Claro que, más adelante, vinieron los celos típicos del hermano o hermana que se siente desplazado y apartado al aparecer otra criatura en la familia; y sí, tal vez no te traté como lo merecías, y me tomó tiempo acostumbrarme porque siempre fuiste un poco más sensible que todas las personas que conozco. Pero poco a poco lo fui logrando, sobre todo porque tras las múltiples vivencias en las que casi te pierdo, entendí que yo no necesitaba que nadie me cuidara, y el valor de tener alguien a quien cuidar, e inmediatamente supe que no podía dejarte enfrentar solo el mundo que a mí me quebró. Y así fue, entre innumerables ataques de epilepsia, de pánico, de ansiedad y de emociones anárquicas, me convertí en tu guardiana porque de todas las cosas que vale la pena proteger, tú fuiste quien me enseñó que el amor no cuesta nada, pero vale demasiado.

Para nuestra sorpresa, esto no fue todo.

Hoy en día tus ataques y actitudes han ido más lejos de lo que deberían, y por fin, después de pasar por tanto, obtuvimos un diagnóstico que nos sirvió para abrir los ojos y entender que no todo en la vida sale como uno quiere, y que todas tus excentricidades son parte de una condición que no te hace menos, pero sí diferente. Yo sé que para mamá y para papá no ha sido nada fácil sobrellevar todas estas cosas y la carga emocional que implican, y créeme que aunque nunca lo diga, para mí tampoco ha sido fácil. A veces siento que soy la única que intenta ayudarte, no porque mamá y papá no lo hagan, pero siento que soy la única que intenta prepararte para lo que vendrá después, cuando yo no esté, porque hasta los guardianes más leales, en algún momento, deben partir. Créeme cuando te digo que me gustaría cumplirte todos los caprichos, como hermana mayor que soy, pero entiéndeme que a veces simplemente no puedo, porque si lo hago, estoy mal acostumbrándote a hacer cosas que te hacen daño a nivel emocional e incluso psicológico, y que en el momento te ayudan a disminuir tus ansiedades, pero que a la larga sólo serán uno de los tantos factores que desaten el caos en tu vida.

Juntos tenemos mucho trabajo que hacer, y muchas conductas que modificar y te prometo que poco a poco vamos a lograrlo, pero requiere de cantidades industriales de paciencia, entendimiento y comunicación. Pero mientras que tú no sepas lo que tienes, no vamos a lograr arreglar las cosas como debemos, y no vas a entender por qué a veces te sientes mal, ni vas a dejar de poner en el buscador de google cosas como «¿por qué no puedo controlar mis emociones?». Yo sé, sé que debe ser difícil para mamá o para papá decírtelo cuando ni siquiera ellos mismos parecen aceptarlo. Yo también me siento mal, ¿sabes? A mí también me cuesta dormir por las noches, y en las madrugadas, muchas veces, me carcome la ansiedad hasta el punto de querer arrancarme el cabello, y a veces, de pensar en el suicidio. Y de día también me tortura de manera constante, y el sólo hecho de pensar incluye una catástrofe para mí. Yo también tengo pesadillas, y también me levanto en las noches con miedos irracionales que me generan un pánico indescriptible. También me aturden las multitudes, también tengo manías extrañas. Ni hablar de cuando intento poner la mente en blanco, que me entra un pánico terrible. Tal vez eso no sea ni la mitad de lo que tú debes sentir a diario, pero creo que soy medianamente capaz de entenderlo, y por eso quiero ayudarte.

Quiero ayudarte porque cuando yo no esté, y debas dormir solo, y tengas que levantarte de madrugada a causa de algún miedo irracional, y no puedas controlar la ansiedad, y no tengas a quien acudir porque nadie entiende esa sensación de ahogo; o cuando estés en plena calle, y la cantidad de gente sea tan grande y el ruido tan insoportable que te den ganas de echarte al piso a llorar, quiero que sepas cómo enfrentarlo y cómo apaciguarlo.

 

Cuando yo no esté, no quiero que te hundas.

 

Te ama, tu hermana.